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4 respuestas a «Comentarios»

  1. Avatar de PABLO DIEZ
    PABLO DIEZ

    Excelentes cuadros, muy ingeniosos.

  2. Avatar de Selene
    Selene

    En un mundo obsesionado con el éxito y la validación, Abel eligió el camino más honesto, pintar por pura necesidad de expresión.
    Cada pincelada cada color y cada textura fueron un acto de fé.
    Sus obras nos recuerdan que el arte más valioso es aquel que se crea sin buscar nada a cambio simplemente dejando una huella imborrable.

  3. Avatar de FRAN
    FRAN

    Me impresiona percibir a través de su obra, el impacto que tuvo que tener en él, cuando llegado a España, descubrió la tauromaquia. Se aprecia en el cuadro lo surrealista que le pareció, plasmando en él, el hilo que enlaza el cerebro del torero con el rabo del toro, como definiendo en cada uno, su órgano más básico.

    No conocí mucho a Abel, pero con su pintura he aprendido que se puede conocer al artista, sin ningún tipo de influencia, a través de su obra.

    Allá donde esté, ojalá este disfrutando tanto, como nosotros cuando vemos sus cuadros.

  4. Avatar de Valeria
    Valeria

    Abel no pintaba para vender. Pintaba para entenderse.
    Cada cuadro era una conversación que tenía consigo mismo y que nosotros escuchábamos a medias, desde fuera, con respeto.

    Sus manos olían siempre a trementina y a mate. Tenía paciencia para el óleo.

    No le interesaba lo bonito. Le interesaba lo cierto. Y lo cierto, en su paleta, salía con grises sucios, con rojos que dolían, con azules que no daban paz. Pintaba como quien se arranca algo de dentro. Sin permiso, sin filtro.

    Sus cuadros siguen hablando. Siguen vivos.
    Y mientras haya alguien que se pare delante de uno y sienta ese puñetazo en el estómago, Abel seguirá pintando.

    No hizo carrera. Hizo camino.
    Y los que lo vimos pintar, ahora vemos distinto.

    Abel, nosotros cuidaremos tu legado.

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4 comentarios sobre «Comentarios»

  1. Selene dice:

    En un mundo obsesionado con el éxito y la validación, Abel eligió el camino más honesto, pintar por pura necesidad de expresión.
    Cada pincelada cada color y cada textura fueron un acto de fé.
    Sus obras nos recuerdan que el arte más valioso es aquel que se crea sin buscar nada a cambio simplemente dejando una huella imborrable.

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  2. FRAN dice:

    Me impresiona percibir a través de su obra, el impacto que tuvo que tener en él, cuando llegado a España, descubrió la tauromaquia. Se aprecia en el cuadro lo surrealista que le pareció, plasmando en él, el hilo que enlaza el cerebro del torero con el rabo del toro, como definiendo en cada uno, su órgano más básico.

    No conocí mucho a Abel, pero con su pintura he aprendido que se puede conocer al artista, sin ningún tipo de influencia, a través de su obra.

    Allá donde esté, ojalá este disfrutando tanto, como nosotros cuando vemos sus cuadros.

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  3. Valeria dice:

    Abel no pintaba para vender. Pintaba para entenderse.
    Cada cuadro era una conversación que tenía consigo mismo y que nosotros escuchábamos a medias, desde fuera, con respeto.

    Sus manos olían siempre a trementina y a mate. Tenía paciencia para el óleo.

    No le interesaba lo bonito. Le interesaba lo cierto. Y lo cierto, en su paleta, salía con grises sucios, con rojos que dolían, con azules que no daban paz. Pintaba como quien se arranca algo de dentro. Sin permiso, sin filtro.

    Sus cuadros siguen hablando. Siguen vivos.
    Y mientras haya alguien que se pare delante de uno y sienta ese puñetazo en el estómago, Abel seguirá pintando.

    No hizo carrera. Hizo camino.
    Y los que lo vimos pintar, ahora vemos distinto.

    Abel, nosotros cuidaremos tu legado.

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